La mujer embarazada entró en la fiesta de nuestro décimo aniversario llevando el collar que Jackson me había regalado la noche anterior, y todos se levantaron para aplaudirla.
Yo seguía sentada a menos de un metro de él, con una copa intacta entre los dedos y el sabor metálico de la traición pegado a la lengua.
Scarlet Bellini caminó hasta la mesa como si fuera la dueña del club. Su vestido color marfil abrazaba un vientre de cinco meses. En el cuello llevaba mi collar: una pequeña estrella de obsidiana engarzada en plata, el único recuerdo que conservaba de mi madre.
Jackson se puso de pie.
—Scarlet, ¿qué haces aquí?
Ella sonrió y apoyó una mano sobre su vientre.
—Vine a felicitarte, querido. Después de todo, este aniversario también me pertenece.
El silencio cayó de golpe.
Sentí que la estrella de obsidiana se clavaba en mi memoria. Yo había buscado aquel collar durante semanas después de que desapareciera de mi caja fuerte. Jackson me dijo que quizá lo había perdido.
—¿Qué significa eso? —pregunté.
Mi voz salió tranquila. Demasiado tranquila.
Jackson me miró con una preocupación perfecta.
—Aurora, no armes una escena.
—La escena la ha traído ella.
Scarlet soltó una risita.
—No seas dramática. Jackson y yo tenemos algo que celebrar.
Un hombre al fondo levantó su vaso.
—¡Por el heredero Moretti!
Las risas estallaron alrededor de la mesa.
Durante diez años había creído que aquellos hombres me respetaban porque yo era la mujer de Jackson. En ese instante entendí que solo estaban esperando el día en que dejara de serlo.
Me levanté despacio.
—¿Es tu hijo?
Jackson apretó la mandíbula.
—No aquí.
—¿Es tu hijo?
Scarlet respondió por él.
—Por supuesto que lo es.
El hielo tintineó dentro de mi vaso cuando mis dedos temblaron. No lloré. Había llorado la noche anterior, observándolos a través del cristal de visión unilateral del despacho privado de Jackson.
Ella inclinada sobre su escritorio.
Las manos de él en su cintura.
Mi nombre pronunciado entre besos.
—Aurora nunca lo descubrirá —había dicho Scarlet.
Jackson sonrió.
—Aurora confía demasiado en mí.
Aquel recuerdo me dolió más que la noticia del embarazo.
No porque me hubiera engañado, sino porque había convertido mi confianza en su escondite.
—Cariño —dijo Jackson, acercándose—, podemos hablar en privado.
—Llevamos diez años hablando en privado. Por una vez, quiero que todos escuchen.
Sus ojos se endurecieron.
—Baja la voz.
—¿Por qué? ¿Temes que alguien descubra que tu prometida existe?
Scarlet acarició el collar de mi madre.
—Jackson me prometió que se casaría conmigo en tres días.
El mundo se volvió inmóvil.
—¿Qué dijiste?
—Lo que oíste —respondió ella—. La boda será en la finca de los Moretti. Tú recibirás una compensación generosa y podrás seguir viviendo en la casa hasta que encuentres otro lugar.
Miré a Jackson.
—¿Eso es cierto?
Él no negó nada.
Solo dijo:
—Tú sabías que nuestra relación estaba cambiando.
Algo dentro de mí dejó de suplicar.
Bajo la mesa, mi teléfono vibró. Era el profesor Luca Moretti, mi antiguo mentor. Abrí el mensaje que llevaba cinco años ignorando.
Programa Fénix de Investigación Médica Estratégica. Incorporación inmediata. Protección de identidad. Ubicación clasificada.
Había rechazado aquel puesto cinco veces por Jackson.
Aquella noche escribí una sola palabra: Acepto.
Luca llamó de inmediato.
—Aurora, si entras en Fénix, desaparecerás de todos los registros civiles. Ni Jackson ni su familia podrán localizarte.
—Eso es exactamente lo que necesito.
—Debes partir en setenta y dos horas.
Miré al hombre que acababa de prometerle una boda a otra mujer mientras aún llevaba mi anillo en el bolsillo.
—No le diré nada.
—¿Estás segura?
—Por primera vez en diez años, sí.
Jackson salió a la terraza unos minutos después. El viento de octubre agitó las cortinas y trajo olor a lluvia sobre el río.
—¿Con quién hablabas? —preguntó.
—Con una amiga.
—No me gustan los secretos.
—A mí tampoco.
Me rodeó los hombros y besó mi sien, igual que tantas veces después de mentirme.
—Jamás te traicionaría, Aurora.
Lo miré.
—¿Y si lo hicieras?
Él sonrió sin sospechar nada.
—Entonces castígame de la peor forma posible.
—¿Cuál sería?
—Desaparece. Haz que no pueda encontrarte.
Asentí lentamente.
—Ten cuidado con lo que deseas.
A las seis de la mañana, mientras la ciudad despertaba bajo una lluvia fina, dos vehículos sin distintivos se detuvieron frente a mi casa. Luca bajó del primero y sostuvo una carpeta negra contra el pecho.
Yo ya tenía preparada una maleta.
Cuando extendió la mano hacia el cierre metálico de la carpeta, escuchamos el rugido de varios automóviles entrando en la propiedad. Jackson había regresado antes de lo previsto y sus hombres rodeaban la puerta principal. Luca levantó la mirada, metió los dedos bajo la tapa y empezó a abrirla…
PARTE 2
…la carpeta se abrió apenas un centímetro, pero Luca no alcanzó a sacar el documento.
La puerta principal tembló bajo un golpe.
—¡Aurora! —gritó Jackson desde el vestíbulo—. Sé que estás aquí.
Luca cerró la carpeta y la escondió bajo su abrigo.
—¿Tiene una salida trasera? —susurré.
—La casa está rodeada.
Otro golpe hizo vibrar los cuadros del pasillo. El retrato de mi madre se inclinó sobre la pared y el pequeño marco de madera cayó al suelo.
Mi corazón latía tan fuerte que parecía delatarme.
—No puede entrar sin una orden —dijo Luca.
—Jackson nunca ha necesitado permiso para entrar en mi vida.
El teléfono de Luca sonó. Escuchó durante unos segundos y después me miró con gravedad.
—La autorización de Fénix ha sido confirmada. Pero hay un problema.
—¿Cuál?
—Alguien accedió anoche a tus expedientes médicos, cuentas y registros de viaje.
La sangre se me heló.
—¿Jackson?
—Todavía no lo sabemos. Sin embargo, el acceso salió de una terminal perteneciente a una empresa de los Moretti.
El pomo de la puerta giró.
—Aurora —dijo Jackson, mucho más cerca—. Abre y hablemos como adultos.
—¿Desde cuándo te importa hablar como un adulto?
—Desde que mi prometida está huyendo con un hombre desconocido.
Luca frunció el ceño.
—No soy desconocido. Soy el profesor Luca Moretti.
—Mi tío —respondió Jackson—. Y si no apartas las manos de ella, vas a lamentarlo.
Me quedé inmóvil. Luca nunca me había dicho que pertenecía a la familia Moretti. Había sido la razón por la que pudo conseguirme un puesto en Fénix sin levantar sospechas, pero también significaba que conocía secretos capaces de destruir a Jackson.
—¿Por qué no me dijiste que eras su tío? —pregunté.
—Porque quería que tu trabajo existiera separado de su apellido.
—¿Y ahora?
—Ahora tu vida corre peligro.
La puerta se abrió de pronto.
Jackson entró acompañado por dos hombres. Llevaba el cabello mojado, la mandíbula tensa y mi anillo de compromiso en la mano.
—Devuélveme el teléfono —ordenó.
—No.
—Aurora, no sabes lo que estás haciendo.
—Sé que en tres días te casas con Scarlet.
—La boda es una obligación familiar.
—¿Y el niño?
Su mirada se deslizó hacia mi vientre, aunque el mío estaba plano.
—El niño necesita legitimidad.
—Yo necesitaba honestidad.
Uno de sus hombres se movió hacia mí. Luca se interpuso.
—Da un paso más y llamaré a los federales.
Jackson soltó una risa seca.
—Tío, siempre te ha gustado fingir que eres mejor que nosotros.
—No estoy fingiendo.
—Aurora, él intenta robarte. Fénix no es un programa de investigación. Es una operación clandestina. Te borrarán y te utilizarán.
Por un segundo, el miedo me mordió el estómago. Jackson sabía exactamente qué palabras utilizar para despertar mis dudas.
Entonces recordé su voz en el despacho.
Aurora confía demasiado en mí.
—¿Y tú qué haces? —pregunté—. ¿Me proteges mientras preparas otra boda?
—Lo hago por nuestra familia.
—No vuelvas a usar esa palabra.
Su rostro cambió. Por primera vez, no encontró una respuesta inmediata.
Luca sacó de su abrigo una tarjeta metálica y la colocó sobre la mesa.
—Aurora, debes decidir ahora. Si cruzas esa puerta con nosotros, tu identidad quedará sellada. Si te quedas, Jackson podrá retenerte por la fuerza usando la denuncia de una supuesta inestabilidad emocional.
—¿Ya preparaste esa denuncia? —pregunté.
Jackson no respondió.
Su silencio fue la respuesta.
Sentí que el último pedazo de cariño se desprendía de mí sin hacer ruido.
—Dame cinco minutos —dije.
—No tienes cinco minutos —contestó Jackson—. Tienes hasta que cuente tres.
—Uno —dije yo.
Sus hombres se tensaron.
—Dos.
Jackson dio un paso hacia mí.
Yo saqué de mi bolsillo una diminuta grabadora escondida en el forro de mi bolso. La luz roja seguía encendida desde la noche anterior.
—Antes de que digas tres, quiero que escuches algo.
Pulsé el botón.
La voz de Jackson llenó el vestíbulo, clara y fría, hablando de mi confianza como si fuera una debilidad útil. Scarlet reía a su lado. Después se escuchó la promesa de la boda y una frase que hizo palidecer a todos: “Cuando Aurora desaparezca, los laboratorios y sus acciones pasarán al control de la familia”.
Jackson se quedó inmóvil.
—¿Dónde conseguiste eso?
—En el lugar donde tú creías que nadie podía verte.
Su mano se cerró alrededor del anillo.
—Apaga esa grabación.
—No.
—Aurora, no entiendes las consecuencias.
—Las entiendo mejor que tú.
Luca tomó mi maleta.
—Nos vamos.
Jackson levantó la pistola que llevaba bajo la chaqueta, pero no llegó a apuntar. Desde la calle se escucharon sirenas y una voz amplificada ordenó que todos soltaran las armas.
El color abandonó su rostro.
—¿Qué has hecho? —murmuró.
—Todavía nada.
Luca me condujo hacia la salida lateral mientras los hombres de Jackson eran registrados. En el umbral, vi a Scarlet aparecer detrás de ellos, con una mano sobre su vientre y la otra aferrada al collar de mi madre.
—¡Jackson! —gritó—. ¡Diles que esto es una trampa!
Él la miró, pero no respondió.
Durante el trayecto al aeropuerto, Luca recibió otro mensaje. Lo leyó dos veces y bajó el teléfono.
—Aurora, el análisis de paternidad solicitado por Scarlet acaba de llegar a la clínica. Hay una discrepancia.
—¿Qué tipo de discrepancia?
Luca me entregó el teléfono. En la pantalla aparecía una cita urgente, convocada por un abogado de la familia Moretti.
—El niño no es de Jackson —dijo—. Pero alguien ha falsificado los resultados para hacerlo parecer suyo.
Antes de que pudiera respirar, llegó otro mensaje desde un número desconocido: “Si Aurora entra en Fénix, su verdadera identidad será revelada. Y no es quien cree ser…”
PARTE 3
…leí el mensaje tres veces mientras el avión militar esperaba en una pista privada, con las luces blancas reflejándose sobre el asfalto mojado.
—¿Qué significa que no soy quien creo ser? —pregunté.
Luca cerró la puerta del vehículo antes de responder.
—Significa que alguien quiere asustarte o que durante años te ocultaron algo.
—¿Tú lo sabías?
—Sabía que tu expediente de nacimiento tenía una anomalía. No sabía cuál.
El interior olía a cuero y combustible. Mis manos estaban frías, pero ya no temblaban. Había sobrevivido a la traición de Jackson. Podía sobrevivir a una verdad más.
—Llévame a la clínica —dije.
—Si vamos, perderás la salida.
—Necesito saberlo.
La clínica privada de los Moretti estaba en el sótano de un edificio sin letrero. Llegamos a las nueve y veinte de la mañana. Un abogado llamado Rafael Soria nos esperaba frente a una sala de reuniones, con un sobre color crema y una expresión que no permitía adivinar nada.
Jackson ya estaba allí.
Tenía las muñecas libres, pero dos agentes vigilaban la puerta. Scarlet permanecía sentada junto a la ventana, con el rostro blanco y el collar de obsidiana apretado entre los dedos.
—¿Por qué me trajeron? —preguntó Jackson.
Rafael dejó el sobre sobre la mesa.
—Porque el análisis de paternidad debe abrirse delante de todos los implicados.
Jackson miró a Scarlet.
—Dime que esto es una mentira.
Ella empezó a llorar.
—Yo pensé que el niño era tuyo.
—¿Pensaste?
—Me dijiste que me protegerías.
—¿Quién es el padre?
Scarlet bajó la cabeza.
Nadie respondió.
Rafael rompió el sello del sobre. El sonido del papel rasgado pareció más fuerte que las sirenas de la calle.
—El resultado confirma que Jackson Moretti no es el padre biológico del feto.
Jackson retrocedió hasta golpear una silla.
—No.
—La probabilidad es cero —continuó Rafael—. Además, el laboratorio encontró una segunda muestra manipulada en el sistema. Alguien pagó para sustituir el resultado original.
Scarlet se cubrió la boca.
Jackson la señaló.
—¿Con quién estabas?
—No fue un hombre —susurró ella—. Fue tu primo Matteo.
El rostro de Jackson se volvió gris.
Matteo Moretti había desaparecido seis meses antes después de una disputa por el control de los clubes familiares. La rivalidad entre ambos había terminado con un tiroteo que todos creíamos provocado por una banda externa.
—Matteo está muerto —dijo Jackson.
Rafael sacó una segunda carpeta.
—No. Está vivo y ha estado utilizando las cuentas de Scarlet para financiar una operación contra la familia.
Luca me miró.
—La boda habría convertido a Scarlet y a su hijo en la línea sucesoria. Jackson iba a entregar el control del imperio sin saberlo.
Jackson apretó los puños.
—¿Y Aurora? ¿Qué tiene que ver ella?
Rafael me observó con una gravedad distinta.
—Todo.
Abrió la segunda carpeta y sacó una copia certificada de mi partida de nacimiento.
—Aurora, tu nombre legal no siempre fue Aurora Moretti. Fuiste registrada al nacer como Elena Varela. Tus padres murieron cuando tenías cuatro años, no cuando tenías diecinueve.
El aire desapareció de la habitación.
—Eso es imposible. Mis padres murieron en un accidente de carretera.
—Los padres que criaste como tuyos eran tus tutores. Tus padres biológicos trabajaban para una división científica que descubrió el origen del dinero de los Moretti. Fueron asesinados después de intentar denunciarlo.
Miré a Luca.
—¿Tú lo sabías?
—Sospechaba que eras Elena, pero nunca tuve pruebas. Tu abuelo siciliano te ocultó bajo otra identidad para mantenerte viva.
La estrella de obsidiana cayó de las manos de Scarlet y golpeó el suelo.
—¿Por qué Jackson nunca me lo dijo? —pregunté.
Rafael respondió sin apartar los ojos de él.
—Porque él encontró el expediente hace cinco años. Y desde entonces utilizó tu acceso a los laboratorios, tus acciones y tu nombre para proteger los negocios que tus padres intentaron destruir.
Jackson negó con la cabeza.
—Yo la protegía.
—Me encerraste en una mentira —dije.
—Si te lo decía, te habrían matado.
—¿Y por eso te acostaste con ella? ¿Por eso preparaste mi desaparición como una transferencia de bienes?
Su voz se quebró.
—Yo te amaba.
—Amabas lo que mi nombre podía darte.
Los agentes tomaron posiciones cuando el teléfono de Rafael comenzó a sonar. Él contestó, escuchó unos segundos y palideció.
—Matteo acaba de entrar en la sede central de los Moretti. Tiene rehenes y exige que Jackson vuelva con él.
Jackson dio un paso hacia la puerta.
—Tengo que ir.
—No —dije—. Tienes que escuchar.
Rafael pulsó el altavoz. Una voz desconocida llenó la sala.
—Jackson, si no vienes en veinte minutos, publicaré todos los documentos sobre Elena Varela. Y cuando el mundo sepa quién es ella, Fénix no podrá esconderla.
La llamada terminó.
Luca tomó mi mano.
—El avión todavía puede despegar.
Miré a Jackson, a Scarlet, al collar de mi madre en el suelo y a la vida que acababa de quedar hecha pedazos.
—¿Qué pasa si me voy?
—Te conviertes en Fénix y sobrevives.
—¿Y si me quedo?
Luca no respondió.
Afuera, otra llamada entró en el teléfono de Rafael. Esta vez era una transmisión en directo desde la sede de los Moretti. En la imagen, Matteo sostenía un arma junto a una mujer arrodillada.
La mujer levantó el rostro hacia la cámara.
Era mi madre.
Y estaba viva…
Cuando mi madre apareció en la transmisión, todo cambió…
Yo creía que solo estaba escapando de Jackson. Pero la verdad que encontré convirtió mi huida en una batalla por mi propia vida.
El último paso lo cambió todo.
“Desaparece. Haz que no pueda encontrarte.”
Por primera vez, no pudo esconderse detrás de ellas.
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